Mal hincha a mucha honra

Somos libres de escoger en qué se fundamenta nuestra vida. Unos le entregan su tiempo y energía a Dios; otros se desviven por su familia; algunos se hacen matar por su pareja y otros por un equipo de fútbol. A veces se cae tan bajo que nuestra pasión nos vive; lo experimentado nos experimenta, nos pone a prueba, nos da más vida o nos la quita.

Hace dos años soy abonado de Millonarios y voy al estadio el Campín a hacerle fuerza. Conforme pasaba el tiempo, me di cuenta de la poca reflexión de algunos hinchas; promueven ideas regionalistas extremistas y conductas violentas que terminan en muertes justificadas en la territorialidad. Nada que envidiarle al problema de las fronteras invisibles en los barrios dominados por los combos. No se lucha por el control de un mercado, sino por la uniformidad y la exterminación del otro.

Antes de profundizar en el tema, tengo la obligación de decir que no todo el que se pone la camiseta de un equipo es hincha. Hay gente que se aprovecha del sentimiento hermoso que despierta el fútbol para cometer crímenes. Entonces, si usted no es de los que se pone una camiseta de Millonarios para salir a atracar o para ajustar cuentas con alguien que le cae mal, este entrada no es para usted. Hoy quiero hablar de la gente “de bien” que va al estadio y no se identifica con la delincuencia.

Es absolutamente normal que quien vive su pasión al extremo juzgue o minimice la pasión o la intensidad del amor de otros. Así, el que es hincha, pero nunca ha ido al estadio es menos que quien va de vez en cuando y éste, a su vez, es menos que quien se abona y el abonado no es tan buen hincha como quien viaja por toda Colombia y el continente acompañando al equipo. No es un accidente que existan expresiones como “clasiquero”, “hincha de radio” o “viajero”. Millonarios es una microsociedad con jerarquías piramidales donde la igualdad se reduce a la identificación (hay unos que se identifican mejor que otros). No puedo excluirme de esa distinción de pasiones porque yo me burlo de quienes dicen que Saw y Hostel son gore de verdad, guardando las proporciones de lo que se esconde detrás del cine y el fútbol.

Cada vez que en las noticias anuncian la muerte de un hincha de cualquier equipo, muchos, sin importar el color de la camiseta, rechazamos de forma categórica  el hecho. Hacemos minutos de silencio, derramamos lágrimas, despedimos al hincha como mártir y después se oyen en las tribunas “no hay piedad para matar a un sureño” o “porque esta noche matamos rojo, matamos rojo y verde por cabrón”, ¿alguna vez se han detenido a pensar qué cantamos?

Si le hacemos caso a Samuel Johnson y aceptamos que “el lenguaje es el vestido del pensamiento” nos encontraremos que lo que decimos nos hace ver mal. Los campos léxicos del fútbol están plagados de lenguaje bélico. En un partido se “remata”, se “dispara”, se “ataca”, se “defiende”, se tienen “estrategias” y se “vence o se muere”. Le echamos leña al fuego cuando en el campo de batalla, la cancha, cuando insultamos al otro por negro, por borracho, por viejo, o por “provinciano” – entiéndase por provinciano como todo aquel que no es de Bogotá-.

A veces creo que soy un extraterrestre cuando en el estadio no canto “sureño” o “paisa escuchalo bien”. Me siento mal hincha. Siento que comparto el amor por Millonarios, pero no el odio por los otros, ¿estoy traicionando a los miles que sí cantan?  ¿estoy yendo mal al estadio?

Si respeto a los hinchas de Santa Fe y no les digo “rosados”, ¿pierdo puntos? Si destaco el buen momento de Nacional y no me refiero a sus hinchas como mierdolagas, ¿qué tan tibio soy? Si no tengo en el avatar una foto mía con la camiseta de Millonarios, ¿fracasé como hincha? Y, la más importante, si no llevo mi luz LED y mi bandera el martes, ¿inscriben mi nombre con tinta indeleble en el implacable libro de los clasiqueros?

Pues si no desear que los jugadores de otros equipos se mueran cuando van a cobrar un tiro de esquina o celebrar a rabiar la goleada de un rival – evidentemente no propinada por Millonarios- , me declaro abiertamente un mal hincha. Si ir al estadio a hacerle fuerza a Millonarios sin estar pendiente de lo que hace o deja de hacer el rival es pecado, me consumirán las llamas del infierno del tibio. Si poner a Millonarios por debajo de una clase de maestría o de una celebración importante con mi familia me convierte en un espía de otro color, lo recibo.

Millonarios no es mi vida; es parte de mi vida. Una parte importante a la que le dedico tiempo, pensamientos y dinero. Una parte de mi vida que no escondo, que me hace muy feliz. Una parte esencial de la cultura colombiana que comparto con mis estudiantes sin hablar pestes de otros equipos; sólo diciendo que para mí es el mejor.

Seguiré reflexionando antes de cantar. Seguiré haciéndole fuerza a Millonarios por televisión, por radio, en el estadio o donde esté. Eso es lo que mejor sé hacer. Me siento en tierra extraña cuando esperan que para ser hincha hay que destruir al otro con deseos, insultos o actos violentos.

Sea hincha de su equipo como quiera. Esta entrada no es cátedra de nada. Sólo quiero reflexionar.

@ahlisto.

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