Web 2.0 y educación

Cuando la enciclopedia Encarta salió en 1998, creí que nunca tendría que abrir un libro en mi vida. En 4 discos cabía – diría mi yo adolescente – toda la información del mundo. De ver el video de la canción  “Mano a mano” de Gardel, pasaba a leer cuáles habían sido los hechos más relevantes de la Guerra Fría. Luego, con el tiempo, aprendí que si me conectaba a internet usando la línea del teléfono (se escuchaba así http://bit.ly/1a2V2eg) podía acceder a un océano de información. “Encarta no es nada”, dije. Años más tarde, cuando cambiábamos de siglo, internet hizo algo que cambiaría para siempre la forma en la que veía las interacciones; las páginas ya no eran sólo para consultar información. La calle de un sentido, el internet, se volvió en una autopista que podía llevarme a donde quería. 

Como usuarios de internet disfruté de las mieles de las fotos graciosas, los videos acerca de acciones asombrosas y las redes sociales. A pesar de las creencias populares, mi vida social aumentó considerablemente gracias a la web 2.0 ¿Qué hago con toda esta información que circula en la red? Pues compartirla, ¿con quién? Con mis amigos, en primera instancia ¿Y si me gustan cosas que a mis amigos no y no tengo cómo compartirlas? ¿Y si me juzgan por mis gustos? Me cuestionaba. La respuesta la hallé cuando busqué “desconocidos” que parecían más cercanos que los que me rodeaban.  En este sentido, el compartir casi que se convirtió en lo era: “Soy lo que conozco y cómo comparto esa información me relaciona con el mundo”. De esta forma resumiría mi primera reflexión como habitante de un mundo virtual paralelo. 

Ahora sí, vamos a la docencia. Me pregunté si podía combinar mi entusiasmo por la web 2.0 y mi vocación: ser profesor. A este respecto, encontré que los libros eran una excelente carta de navegación para mis clases, pero que no tenían una suficiente descripción de la realidad de nuestra lengua y cultura, ¿era válido si tomaba un video de Youtube donde se evidenciara una práctica social relacionada con el fútbol y lo llevaba a clase? Creí que sí y así lo hice. Sabía que la mera proyección del video no sería suficiente para lograr mi cometido. Necesitaba un plan pedagógico fuerte, o si no se me convertía la clase en un compendio de materiales fuera del libro porque sí. Aunque en la web 2.0 se reproduce la cultura misma, sin pedagogía es un placebo.

Ese miedo de llevar elementos de la web 2.0 a clase sólo por la idea mesiánica de la tecnología me sigue preocupando. Si bien los videos, imágenes, interacciones de chat y memes representan un caudal de información “enseñable” es misión del profesor diseñar secuencias didácticas y tareas idóneas que justifiquen su uso.

Me detuvo a planear cómo integrar mi mundo paralelo con el real. Al principio, no funcionó muy bien porque no sabía lo que estaba haciendo; no busqué en otros experiencias que me ayudaran. Ese fue un grave error. No obstante, comencé a ver en blogs de otros profesores, consejos útiles y prácticas específicas que podía combinar con mi idiosincrasia para lograr clases amenas y con una carga cultural potente.

Para concluir, podría decir que la enseñanza y la web 2.0 pueden aliarse estratégicamente para potenciar el acceso a la información y la limitación del formato texto. Es sí, sin un planeación cuidadosa, podemos caer fácilmente en el instrumentalismo y la errónea idea de que la tecnología es la salvación ¿Cuál era la manifestación apocalíptica?

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