El vivo vive del profe

– Boris, te equivocaste en la regla de 3 y no quedó bien calculada la retención. Vuelve a hacer la cuenta de cobro.

– ¿Y eso me afecta la fecha de pago?

– No, pero corre y busca dónde hacer eso para que te alcancemos a pagar esta semana con los otros.

La anterior es una típica conversación de profesor de idiomas que se abre paso en el competido mercado laboral colombiano; una selva espesa con avivatos que se esconden detrás del buen nombre de grandes empresas para clavar sus colmillos en futuros licenciados o recién egresados.

El mercado se llenó de empresas serias y archimillonarias contratando aves de rapiña para tercerizar la educación de sus empleados. Viejos zorros que le piden a la empresa 80 mil pesos por hora y le pagan al profesor 15 mil y, como escupitajo en la cara, lo ponen a hacer cuentas de cobro para ahorrarse los pagos de salud y pensión.

Después de 6 años de experiencia docente puedo darme el lujo decir algo que al principio parecía imposible: NO. Tener las credenciales suficientes para poner un precio por el trabajo de uno y establecer unas condiciones laborales inamovibles es un lujo en este medio. Sin embargo, gracias a mi pasado como estudiante activo tuve la fortuna de ser vinculado a la universidad de la que me gradué. Desafortunadamente, esperar un trabajo donde nos paguen salud y pensión y un sueldo justo es difícil cuando la experiencia que podemos acreditar no supera la obligatoria práctica docente que hacemos en las licenciaturas. Hay que empezar por alguna parte. Ahí aparecen estos personajes nefastos.

El mercado laboral de los profesores de idiomas es una réplica del sistema educativo colombiano. Es decir, así como hay pocas universidades que ofrecen educación de calidad, con profesores preparados, currículos bien estructurados y programas serios de investigación, existen cientos de garajes con permiso para enseñar que se aprovechan de las ilusiones de millones de bachilleres. En este sentido, también hay un desequilibrio entre los empleadores que pagan lo justo y los “gimnastas de la contratación”: contorsionistas legales que ahorran hasta el último centavo para ganar contratos multimillonarios. Las petroleras, grupos empresariales y grandes bancos colombianos no contratan directamente los servicios educativos, sino que licitan este jugoso rubro de su presupuesto al mejor postor. Estoy seguro de que a esas empresas les tiene sin cuidado cuánto de lo que le dan al intermediario llega al profesor. Importa que se dé la clase y que no sea excesivamente caro.

Por lo menos cuando un estudiante entra a una fundación universitaria de esquina sabe lo que está pagando y es consciente que está en desventaja con los que se preparan en universidad acreditadas. Pero da lástima aguantarse un trancón interminable para llegar a un lujoso edificio de una empresa cuyos empleados ganan salarios astronómicos para que a uno le paguen 15 mil pesos la hora. Nosotros no nos hicimos profesores en una noche ni estamos pidiendo limosna. Sólo pedimos que no nos vean siempre como carne fresca dispuesta a ser explotada.

Eso sí, no puedo ser injusto y decir que no hay dónde trabajar. Trabajo en Bogotá sí que hay – los profesores de inglés con ventaja sobre los otros- especialmente si uno está dispuesto a enseñar en un colegio. Ese segmento es estable y ofrece salarios decentes (hay excepciones, como en todo). El gran problema es que no a todos los licenciados – porque la naturaleza nos hizo así- nos gusta trabajar con niños. El sólo hecho de pensar que un papá vaya a una entrega de notas a poner en tela de juicio nuestro honor es suficiente para no considerar esa opción. Y no son ganas de joder, es una opción de vida.

Para concluir tengo algunos mensajes para los personajes de este conflicto:

Empresas grandes que quieren bilingüismo entre sus empleados: la contratación justa debería ser parte de la responsabilidad corporativa. El buen nombre de un instituto o su trayectoria no es suficiente para garantizar que haya políticas de respeto laboral a sus profesores.

Dian: No le pongan tantos impuestos a las instituciones educativas. Esa es la excusa que usan las aves de rapiña para pagar sueldos de hambre.

Aspirantes a licenciados: si les van a cortar los servicios y no hay ni para comer, acepten esos trabajos, pero hagan hasta lo imposible por salir de ahí rápido. Cuando acumulen cierta experiencia, huyan como si no hubiera mañana.

Empresas que he descrito en este texto: GONORREAS.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: